Por Rosa Salcedo Lobaton
Mágicos centros religiosos y funerarios
La civilización Maya, se desarrolló durante los años 300 a 900 DC y comprendió (probablemente en su momento de apogeo) cerca de 40 ciudades en la región que se extiende desde el sur de México, Guatemala, Honduras y el norte de Belice. Muchas de estas ruinas mayas han sido designadas como patrimonio de la humanidad.
Las ciudades Mayas fueron principalmente centros ceremoniales, llenos de palacios, templos y pirámides. Esas últimas estaban dedicadas a los dioses y no servían de residencia, su principal función era soportar en su cima, un templo. Los templos eran ante todo un lugar del culto, consagrado a las divinidades, el espacio donde los reyes y sacerdotes realizaban rituales con los sacrificios humanos para complacer o calmar la ira de sus dioses.
En la base de las pirámides, se han encontrado en muchos casos una tumba que puede ser subterránea o estar horadada dentro de la mole de la construcción. Allí descansaban los restos mortales de algún soberano divinizado.
En tal sentido las pirámides tenían un doble significado, funerario y religioso, sin embargo, en la medida en que se afirma el poder autocrático del jefe de cada ciudad, estas funciones se convierten en una sola cosa: la exaltación del poder personal.
La arquitectura maya, en esta perspectiva, se convierte en instrumento de la gloria individual: vincula estrechamente a las divinidades con el rey que les ha consagrado altares, plataformas o pirámides.

No hay comentarios:
Publicar un comentario